Adolescencia: Una carta bonita

Hoy tenemos algo especial, no es un post de un tema de medicina, es una carta que escribe un colega y amigo José María Ferrer a sus dos hijas adolescentes. Es emotiva, bonita y real. Leerla, no tiene desperdicio.

 CARTA A LA ADOLESCENCIA

Querida adolescente,

Te escribo esta carta porque al final he entendido una cosa: ya no eres una niña, por lo que no debo tratarte como tal, y todavía no eres una adulta por lo que no te debo exigir como tal.

Muchas veces, hasta que lo he entendido, me preguntaba dónde estaba aquella niña que se subía a mis brazos cada vez que me veía, que me escribía esas cartas tan maravillosas , que me llenaba de besos y no soportaba que me fuera de su lado. Y ahora la adolescencia hace que tu pelo o un nuevo “grano” en tu preciosa cara tan linda como siempre sea lo más importante del día. La adolescencia ha hecho que esos sean tus grandes problemas, que pases de mí y que tus amigas sean más importantes que tus padres.

Parece que fue ayer cuando andaba cambiándote los pañales, levantándome por la noche cada vez que me llamabas o escribiendo aquellas maravillosas cartas a los Reyes Magos.

Ahora pones todo en tela de juicio, crees que siempre tienes la razón. He entendido que en ocasiones el adolescente parezco yo porque también pongo en tela de juicio cada cosa que dices: “al fin y al cabo eres tú la adolescente” y siempre pienso que tengo razón. Y los adultos no siempre tenemos razón. Aprendiendo esto todo irá mejor.

Queremos que disfrutes de la familia, de estar todos juntos, que el móvil no sea tu única fuente de distracción. Nos quejamos de que todo el día estás “whatsappeando” o en Snapchat, viendo fotos en Instagran a las que no haces más que decirnos que te demos “likes” o escuchando música. Deseamos que vivas tú la vida, tu vida y no la de los demás. Lo que ocurre es que muchas veces no te ofrecemos algo interesante a cambio, como conversación con atención plena, actividades en las que disfrutes y participes o un “sí” por cada al menos tres noes. Por otro lado, mis acciones deben transmitir lo mismo que mis palabras, no puede ni debe ser que te recrimine porque usas el móvil durante la cena mientras yo lo estoy usando. No puede ni debe ser que te recrimine tus gritos gritando o me enfade por si acaso has hecho algo mal. Un enfado preventivo sin sentido.

Sé que es una época en la que te envuelven un montón de cambios físicos: la pubertad. La menstruación, la aparición del botón mamario, el vello y el tan temido acné entre otras cosas. Cuando la pubertad llega a su fin todo ha cambiado y estás envuelta en un cuerpo de adulta sin serlo. Todos estos cambios requieren una gran energía y la necesidad de dormir más, algo que a veces a los padres nos irrita pensando que es más pereza que otra cosa.

Así que por todo esto te pido disculpas. No te intentaré comprender, te comprenderé.

No decidiré por ti, te acompañaré en tus decisiones.

No te sobreprotegeré, dejaré que vueles poco a poco.

Te aceptaré como eres, te respetaré, reconoceré todo lo que haces bien -que son muchas cosas, incluso muchas más de las que no haces tan bien- y te querré, te querré mucho.

A cambio solo te pido que comprendas que los privilegios no vienen con los años sino cuando se está preparado para ellos. Que les des a todo el valor que tiene. Que aceptes oportunidades para sentirte útil y capaz. Que desarrolles todas tus habilidades y talentos que son muchísimos. Te prometo que no intentaré que seas o logres aquello que yo quiero o no puede lograr. 

Te pido que aceptes mi guía para orientarte hacia tu autonomía futura. Que lleguemos a un acuerdo en las normas, que tengas en cuanta que los actos tienen consecuencias y prometo tomas las decisiones de una forma serena. Te pido que, como hacías antes y como haces ahora con tus amigas, pueda ser yo también tu gran apoyo. Que en mí encuentres comprensión, afecto y seguridad. 

Así que, adolescente o no, sigues y seguirás siendo mi hija. Te quise niña, te quiero aolescente y te querré adulta. Nunca querré ser tu enemigo aunque en ocasiones así me veas, tampoco seré tu amigo. Seré siempre tu padre. 

(Con cariño a María y Cristina mis dos preciosas adolescentes, motor de nuestra vida. Con cariño a todos los adolescentes y a sus padres).

http://blog.rtve.es/elojoclinico/2016/05/carta-a-la-adolescencia.html

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